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¿Cuánto dura un vino abierto? Cómo conservarlo correctamente en casa

Abrimos una botella durante una comida, servimos un par de copas y, al terminar, todavía queda vino. Es entonces cuando aparece una duda bastante habitual: ¿cuánto dura un vino abierto y cómo podemos conservarlo para disfrutarlo otro día?


Desde el momento en que descorchamos una botella, el vino entra en contacto con el oxígeno y comienza a evolucionar. Al principio ese contacto puede ayudar a que se expresen determinados aromas, pero una exposición prolongada acaba provocando oxidación y pérdida de frescura. La buena noticia es que, con unos cuidados sencillos, no tenemos por qué dar por perdida una botella que ha quedado a medias.


¿Cuánto dura un vino abierto?

No todos los vinos evolucionan de la misma manera una vez abiertos. Como referencia general, podemos orientarnos por estos tiempos:


Tipo de vino

Duración aproximada

Vino tinto

3 - 5 días

Vino blanco

2 - 3 días

Vino rosado

2 - 3 días

Espumosos

1 - 2 días

Estas cifras son orientativas. Influyen el tipo de vino, su edad, la cantidad que haya quedado en la botella y, sobre todo, cómo lo conservemos. Los espumosos suelen ser los más delicados por la rápida pérdida de carbónico, mientras que algunos tintos con mayor estructura pueden resistir algo mejor el paso de los días.


Por tanto, aunque a veces nos preguntemos si el vino caduca una vez abierto, resulta más apropiado hablar de pérdida progresiva de sus cualidades.


Cómo conservar el vino una vez abierto

El principal objetivo es sencillo: reducir su contacto con el oxígeno y evitar temperaturas elevadas.


Después de servirlo, conviene volver a cerrar la botella cuanto antes con su propio corcho o con un tapón hermético. Una vez abierta, es preferible guardarla en posición vertical, ya que así disminuye la superficie del vino expuesta al aire.


También es recomendable llevarla a la nevera, incluso si hablamos de un vino tinto. El frío ralentiza su evolución; cuando queramos volver a beberlo, bastará con sacarlo con antelación para que recupere una temperatura del vino adecuada antes de servirlo.


Si solemos guardar vino en casa, mantener una temperatura estable también es importante para las botellas que todavía no hemos abierto. En estos casos, una vinoteca permite crear unas condiciones mucho más constantes. La Bolero GrandSommelier 34030 Black, disponible en Ibéricos Adictos, permite almacenar hasta 34 botellas y regular la temperatura entre 5 y 18 ºC.



Para colecciones más amplias, la Bolero GrandSommelier Duo 57000 Touch Black ofrece espacio para 57 botellas y dos zonas de frío independientes, pensadas para conservar diferentes tipos de vino a temperaturas distintas.



¿Cómo saber si el vino se ha puesto malo?

Antes de servir de nuevo una botella que lleva varios días abierta, podemos fijarnos en tres cosas: aroma, color y sabor.


Un vino oxidado suele perder buena parte de su frescura y de sus aromas frutales. El color también puede mostrarse más apagado y, en boca, el vino puede resultar plano o desequilibrado.


También podemos encontrarnos con lo que popularmente conocemos como vino picado. Una señal bastante evidente es la aparición de aromas que recuerdan claramente al vinagre. Si al olerlo o probarlo percibimos que ha cambiado notablemente respecto al día en que lo abrimos, probablemente ha llegado el momento de descartarlo.


Entonces, ¿el vino caduca?


El vino no tiene una fecha de caducidad universal. Cada elaboración tiene una capacidad de envejecimiento diferente y no todas las botellas están pensadas para guardarse durante décadas. La conservación, la temperatura, la luz y el propio estilo del vino condicionan enormemente su evolución.


Por eso, ante preguntas como “¿se puede beber un vino de 40 años?”, la edad por sí sola no nos da la respuesta. Una botella concebida para una larga guarda y conservada correctamente puede evolucionar durante muchos años; otra puede haber perdido sus mejores cualidades mucho antes.


Y si lo que ha quedado es simplemente media botella de la cena, la regla es bastante más sencilla: cerrarla bien, guardarla en frío y no olvidarse demasiado de ella. Con esos pequeños cuidados podremos disfrutar durante unos días más de un vino que todavía tiene mucho que ofrecer.


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